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lunes, 24 de septiembre de 2007

Montreal acuerda cuidar más la capa de ozono

Adelantan una década la eliminación total de los químicos que la debilitan.

El consenso alcanzado permitirá atacar el calentamiento global, ya que los gases implicados también son poderosos agentes del efecto invernadero; llaman al pacto otro hito histórico.

Los 191 Estados signatarios del Protocolo de Montreal decidieron en esta ciudad adelantar diez años la eliminación de sustancias nocivas para la capa de ozono, en lo que supone un importante acuerdo que contribuye además a luchar contra el calentamiento global.

“Asistimos hoy a un acto histórico por el medio ambiente”, se congratuló el ministro canadiense del ramo, John Baird.

La Casa Blanca, que también calificó el acuerdo de histórico, se sintió orgullosa de que “bajo la dirección del presidente (George W.) Bush” casi 200 países adoptasen “la proposición de Estados Unidos de acelerar diez años la supresión de determinadas sustancias dañinas para la capa de ozono”.

“Nuestras inversiones en tecnología avanzada dieron su fruto y es posible una eliminación más rápida”, añadió la Casa Blanca.

Un total de 190 países, más la Unión Europea, se pusieron de acuerdo el viernes para poner freno y posteriormente eliminar los HCFC (hidroclorofluorocarburos), sustancias nocivas para la capa de ozono utilizadas en refrigeradores y climas, tras la conferencia de una semana en Montreal.

La aceleración de este proceso contribuirá, al mismo tiempo y de forma importante, a la lucha contra el calentamiento global, ya que los HCFC suponen un poderoso gas de efecto invernadero.

Tanto Baird como el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Achim Steiner, vieron en el acuerdo alcanzado un buen augurio y un “signo vital” antes de los encuentros previstos hasta fin de año sobre el cambio climático. Especialmente de cara a la cumbre convocada en Nueva York por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, la semana próxima.

Firmado en 1987, el protocolo de Montreal, considerado como el acuerdo sobre medio ambiente más eficaz de la historia, preveía la eliminación de los HCFC en 2030 para los países desarrollados, y 2040 para los países en vía de desarrollo.

Según el acuerdo alcanzado hoy, se congelará la producción de estas sustancias en 2013, antes de su eliminación definitiva, que será en 2020 para los países desarrollados y en 2030 para las naciones en vías de desarrollo.

Los países desarrollados convinieron en reducir su producción y su consumo en 75% en 2010, y en 90% en 2015.

Los países en vía de desarrollo aceptaron una reducción de 10% en 2015, que se convertirá en 35% en 2020 y 67% en 2025.

“Si no hubiésemos llegado a un acuerdo, la producción de HCFH se habría duplicado de aquí a 2015”, dijo Steiner, destacando que esto evitará a la atmósfera miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero.
Según el PNUMA, acelerar la desaparición de los HCFC permitirá disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta en un 3.5 por ciento.

Baird y Steiner celebraron el papel constructivo adoptado por China, que reclamaba una ayuda para facilitar su transición hacia sustancias menos nocivas para el medio ambiente, y su oposición podría haber hecho fracasar el acuerdo.

Con esa perspectiva, los países donantes se comprometieron a continuar financiando el fondo multilateral que ayuda a los países en vía de desarrollo, aunque no fijaron cifras.

Un responsable estimó que desde la entrada en vigor en 1987 del Protocolo de Montreal, el gasto anual ha sido del orden de dos mil millones de dólares.

La conferencia marcó también el 20 aniversario de este tratado que logró reducir los CFC (clorofluorocarburos), una primera generación de sustancias que empobrecían la capa de ozono.

El ozono, molécula resultante del oxígeno, juega una función de protección esencial, al filtrar los rayos ultravioleta B responsables, entre otros, de los cánceres de la piel.

El protocolo no hizo desparecer el agujero de la capa de ozono, pero estabilizó la situación y comenzó a remediarla.

Los científicos estiman que la capa de ozono podría, de aquí a 2050-2060, retomar un estado “cercano” al de 1980, antes de que los agujeros en la capa se extendiesen hasta alcanzar la dimensión récord de 29.5 millones de kilómetros cuadrados.

Sin el protocolo de Montreal, de aquí a 2020, se habrían declarado cerca de 100 millones de cánceres de piel suplementarios.

Fechas

Hace 20 años, el Protocolo de Montreal prometió borrar del planeta el uso de los CFC y reemplazarlos por HCFC, que serían eliminados en 2030 en el mundo desarrollado, y en 2040 en el mundo en desarrollo.

El acuerdo alcanzado ayer adelantó la fecha de eliminación total: los países desarrollados los cancelarán en 2020, y el mundo en desarrollo, en 2030.

Antes de cancelarlos, en 2013 su producción se congelará a los niveles alcanzados en 2009-2010. Un estudio del costo debe quedar listo en 2008.

Montreal/AFP

martes, 18 de septiembre de 2007

La UNAM gana licitación para detectar entrada de productos transgénicos

El Pual se encargará de analizar muestras de maíz importado, sobre todo de EU.

Por: Emir Olivares Alonso

El Programa Universitario de Alimentos (Pual) de la UNAM se encargará de detectar la entrada de productos transgénicos al país, luego de ganar la licitación otorgada para lo anterior por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Coprefis), fondos que serán manejados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

El trabajo de este órgano universitario consistirá en analizar muestras de maíz importado, principalmente de Estados Unidos, que el Sector Salud entregará a la UNAM para catalogarlos y proponer un sistema de verificación a las autoridades federales para productos de este tipo.

En entrevista, la coordinadora del Pual, Amanda Gálvez Mariscal, explicó que México tiene permitida la entrada a 17 variedades de maíz transgénico (amarillo, que en Estados Unidos se usa para alimento de ganado y producción de almidón y aceite, y no para consumo humano directo); pero no se descarta que por alguna de las ocho aduanas por las que ingresa ese producto “se cuelen” variedades no autorizadas, por lo que universitarios analizarán todos los tipos de maíz que se importen al país por el puerto de Veracruz principalmente y otros de entrada al país.

Subrayó que el principal riesgo de que ingresen gramíneas modificadas genéticamente no permitidas al territorio nacional, es que sus granos se usarán como semillas, o que por accidente los granos germinen de forma que las nuevas plantas se cruzarán con las variedades mexicanas, que, si bien podrían salir beneficiadas o tener efectos o neutros, también podrían resultar perjudicadas con esa cruza.

“El riesgo es que se combinen. No sabemos cuál es el peso del transgénico y la dificultad que podrían tener las plantas nativas para soportar este cambio a partir de una polinización que nunca podría darse en la naturaleza; bioquímicamente la planta se podría dañar, eso es lo que desconocemos, qué pueda suceder”, afirmó la especialista.

Por ello, Gálvez Mariscal subrayó que contrariamente a las voces que apoyan la siembra de maíz transgénico en territorio nacional, esta actividad debe darse sólo después del análisis de la bioseguridad ambiental y los riesgos que los organismos genéticamente modificados podrían tener en las plantas nativas, para “asegurarnos de que no les pasará nada”.

De ahí la importancia de las investigaciones que realizará el Pual, que se extenderán hasta mediados del próximo año, pues se capacitará a los técnicos del Sector Salud para que posteriormente la Federación se encargue de esos análisis.

Al respecto, señaló que en el Protocolo de Cartagena y el Convenio de Diversidad Biológica el gobierno mexicano se ha pronunciado por la reglamentación del movimiento transfronterizo de esas variedades de maíz; sobre todo se pronunció en contra de usar al maíz como un biorreactor para producir sustancias que no son comestibles y pondrían en riesgo sus características alimentarias; sin embargo, subrayó que en Estados Unidos “sí hay quien investigue, y quizás hasta lo manejan en forma negligente.

“El otro objetivo de la investigación es saber dónde estamos parados, porque en el momento en que echemos a andar todas estas metodologías seremos más capaces de defender el ingreso entrando maíces, que por ejemplo están produciendo vacunas y proteínas experimentales, plásticos biodegradables y productos que no son para comer, y aunque en Estados Unidos les parece maravillosa la idea porque allá sólo es alimento de ganado, en México el problema es que si alguien siembra esos granos el polen de las plantas puede transferir los transgenes a las plantas nativas mexicanas”.

Al respecto, la investigadora señaló que el problema ocurre porque el mexicano consume mucho maíz –385 gramos de al día, según diversos estudios–, “por lo que estaríamos más expuestos a los daños con estas variedades que no están diseñadas para comer y en México están desautorizadas”.

Gálvez Mariscal refirió que el maíz nixtamalizado es un producto rico en fibra y con altos niveles de calcio, por lo que el consumo que reflejan los estudios de más de 300 gramos diarios forma parte de una dieta tradicional como la mexicana, adecuada para los seres humanos saludables.