Adelantan una década la eliminación total de los químicos que la debilitan.
El consenso alcanzado permitirá atacar el calentamiento global, ya que los gases implicados también son poderosos agentes del efecto invernadero; llaman al pacto otro hito histórico.
Los 191 Estados signatarios del Protocolo de Montreal decidieron en esta ciudad adelantar diez años la eliminación de sustancias nocivas para la capa de ozono, en lo que supone un importante acuerdo que contribuye además a luchar contra el calentamiento global.
“Asistimos hoy a un acto histórico por el medio ambiente”, se congratuló el ministro canadiense del ramo, John Baird.
La Casa Blanca, que también calificó el acuerdo de histórico, se sintió orgullosa de que “bajo la dirección del presidente (George W.) Bush” casi 200 países adoptasen “la proposición de Estados Unidos de acelerar diez años la supresión de determinadas sustancias dañinas para la capa de ozono”.
“Nuestras inversiones en tecnología avanzada dieron su fruto y es posible una eliminación más rápida”, añadió la Casa Blanca.
Un total de 190 países, más la Unión Europea, se pusieron de acuerdo el viernes para poner freno y posteriormente eliminar los HCFC (hidroclorofluorocarburos), sustancias nocivas para la capa de ozono utilizadas en refrigeradores y climas, tras la conferencia de una semana en Montreal.
La aceleración de este proceso contribuirá, al mismo tiempo y de forma importante, a la lucha contra el calentamiento global, ya que los HCFC suponen un poderoso gas de efecto invernadero.
Tanto Baird como el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Achim Steiner, vieron en el acuerdo alcanzado un buen augurio y un “signo vital” antes de los encuentros previstos hasta fin de año sobre el cambio climático. Especialmente de cara a la cumbre convocada en Nueva York por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, la semana próxima.
Firmado en 1987, el protocolo de Montreal, considerado como el acuerdo sobre medio ambiente más eficaz de la historia, preveía la eliminación de los HCFC en 2030 para los países desarrollados, y 2040 para los países en vía de desarrollo.
Según el acuerdo alcanzado hoy, se congelará la producción de estas sustancias en 2013, antes de su eliminación definitiva, que será en 2020 para los países desarrollados y en 2030 para las naciones en vías de desarrollo.
Los países desarrollados convinieron en reducir su producción y su consumo en 75% en 2010, y en 90% en 2015.
Los países en vía de desarrollo aceptaron una reducción de 10% en 2015, que se convertirá en 35% en 2020 y 67% en 2025.
“Si no hubiésemos llegado a un acuerdo, la producción de HCFH se habría duplicado de aquí a 2015”, dijo Steiner, destacando que esto evitará a la atmósfera miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero.
Según el PNUMA, acelerar la desaparición de los HCFC permitirá disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta en un 3.5 por ciento.
Baird y Steiner celebraron el papel constructivo adoptado por China, que reclamaba una ayuda para facilitar su transición hacia sustancias menos nocivas para el medio ambiente, y su oposición podría haber hecho fracasar el acuerdo.
Con esa perspectiva, los países donantes se comprometieron a continuar financiando el fondo multilateral que ayuda a los países en vía de desarrollo, aunque no fijaron cifras.
Un responsable estimó que desde la entrada en vigor en 1987 del Protocolo de Montreal, el gasto anual ha sido del orden de dos mil millones de dólares.
La conferencia marcó también el 20 aniversario de este tratado que logró reducir los CFC (clorofluorocarburos), una primera generación de sustancias que empobrecían la capa de ozono.
El ozono, molécula resultante del oxígeno, juega una función de protección esencial, al filtrar los rayos ultravioleta B responsables, entre otros, de los cánceres de la piel.
El protocolo no hizo desparecer el agujero de la capa de ozono, pero estabilizó la situación y comenzó a remediarla.
Los científicos estiman que la capa de ozono podría, de aquí a 2050-2060, retomar un estado “cercano” al de 1980, antes de que los agujeros en la capa se extendiesen hasta alcanzar la dimensión récord de 29.5 millones de kilómetros cuadrados.
Sin el protocolo de Montreal, de aquí a 2020, se habrían declarado cerca de 100 millones de cánceres de piel suplementarios.
Fechas
Hace 20 años, el Protocolo de Montreal prometió borrar del planeta el uso de los CFC y reemplazarlos por HCFC, que serían eliminados en 2030 en el mundo desarrollado, y en 2040 en el mundo en desarrollo.
El acuerdo alcanzado ayer adelantó la fecha de eliminación total: los países desarrollados los cancelarán en 2020, y el mundo en desarrollo, en 2030.
Antes de cancelarlos, en 2013 su producción se congelará a los niveles alcanzados en 2009-2010. Un estudio del costo debe quedar listo en 2008.
Montreal/AFP
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lunes, 24 de septiembre de 2007
viernes, 14 de septiembre de 2007
Fósiles revelan impacto de gases de efecto invernadero en el clima
La mayor presencia de dióxido de carbono indica altas temperaturas, señala estudio.
Estiman que el agujero de la capa de ozono este año será menor que el registrado en 2006
Reuters y Afp
Chicago, 13 de septiembre. La composición química de los antiguos fósiles marinos llevó a un grupo de investigadores a descubrir nueva evidencia respecto de que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, tienen un gran impacto sobre el clima.
Investigadores estadunidenses y canadienses utilizaron un nuevo método de estudio de los fósiles marinos para aprender sobre las temperaturas de hace millones de años, convirtiendo a una antigua concha marina o pieza de coral en un termómetro.
“Toda la información necesaria para estudiar la temperatura de la superficie en el momento en que el animal vivió está almacenada en el fósil mismo”, formuló Rosemarie Came, del Instituto Tecnológico de California, cuyo estudio está publicado en la revista Nature.
El nuevo método depende de un estudio de raros grupos de isótopos de oxígeno y carbono –partículas cargadas– que se enlazan unas con otras. Este vínculo varía dependiendo de la temperatura de superficie: se forman más a bajas temperaturas, y menos a temperaturas más elevadas.
Conociendo la edad de un fósil marino y midiendo la concentración de estos isótopos, los científicos pueden determinar la temperatura del agua marina en la que vivieron.
Termómetro marino
“La concha marina es un termómetro”, dijo John Eiler, profesor de geoquímica del Instituto Tecnológico de California, quien trabajó en el estudio.
Eiler agregó que los investigadores estudiaron la concentración de estos isótopos, que están conformados por átomos de oxígeno-18 y carbono-13.
“Medimos cuántos están adheridos unos a otros en vez de dispersos al azar. Eso nos muestra el crecimiento de la temperatura de dicho fósil”, aseveró John Eiler en una entrevista telefónica.
El método difiere del actual enfoque que involucra un estudio del contenido tanto de carbono como de oxígeno del fósil, y el conocimiento sobre la química de la antigua agua de mar.
Usando este nuevo método, los investigadores estudiaron el aumento de temperaturas de fósiles de dos periodos antiguos para ver si los cambios en el dióxido de carbono atmosférico están realmente vinculados a la variación de temperatura, un factor importante para entender el cambio climático.
Los científicos estudiaron fósiles del periodo Silúrico, de aproximadamente 400 millones de años de antigüedad, durante el cual se cree que los niveles de dióxido de carbono eran 10 veces más elevados que en el presente.
Los investigadores compararon estos datos con los hallazgos de temperatura de fósiles del periodo Carbonífero, de hace aproximadamente 300 millones de años, durante el cual se piensa que las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono fueron parecidas a los niveles actuales.
Ligera reducción en el agujero en la capa de ozono
Por otra parte, en Ginebra, Suiza, se dio a conocer que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártica debería mantenerse este año ligeramente inferior, aunque cercano, a su récord de 2006, consideró el miércoles un experto de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El agujero en la estratosfera (a entre 15 y 25 km de altitud) cubre ya unos 23 millones de kilómetros cuadrados, pero en general no alcanza su nivel máximo antes del 20 o 25 de septiembre, declaró Geir Braathen, especialista de la OMM, agencia de la ONU.
El año pasado el agujero había cubierto una superficie máxima récord de 29.5 km2, durante un periodo excepcionalmente largo de unos cuatro meses.
El agujero, favorecido por el frío durante el invierno austral, aparece generalmente a principios de agosto y se reabsorbe entre mediados de noviembre y mediados de diciembre.
“Este año, la temperatura en el estratosfera es un poco menos fría que en 2006. Por tanto, es posible que el agujero sea un poco más pequeño”, pronosticó Braathen, antes de la celebración, el domingo, del Día Internacional de la Capa de Ozono.
El ozono, una molécula surgida del oxígeno, permite filtrar los efectos nocivos de los rayos ultravioleta del Sol que dañan la vegetación y pueden provocar cáncer de piel.
La capa de ozono que protege a la Tierra está deteriorada por la producción y la utilización de productos químicos, particularmente el cloro y los clorofluoruros de carbono (CFC, gas utilizado en los aerosoles y los refrigeradores).
El Tratado de Montreal decidió, el 16 de septiembre de 1987, la restricción del uso de los CFC.
Estiman que el agujero de la capa de ozono este año será menor que el registrado en 2006
Reuters y Afp
Chicago, 13 de septiembre. La composición química de los antiguos fósiles marinos llevó a un grupo de investigadores a descubrir nueva evidencia respecto de que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, tienen un gran impacto sobre el clima.
Investigadores estadunidenses y canadienses utilizaron un nuevo método de estudio de los fósiles marinos para aprender sobre las temperaturas de hace millones de años, convirtiendo a una antigua concha marina o pieza de coral en un termómetro.
“Toda la información necesaria para estudiar la temperatura de la superficie en el momento en que el animal vivió está almacenada en el fósil mismo”, formuló Rosemarie Came, del Instituto Tecnológico de California, cuyo estudio está publicado en la revista Nature.
El nuevo método depende de un estudio de raros grupos de isótopos de oxígeno y carbono –partículas cargadas– que se enlazan unas con otras. Este vínculo varía dependiendo de la temperatura de superficie: se forman más a bajas temperaturas, y menos a temperaturas más elevadas.
Conociendo la edad de un fósil marino y midiendo la concentración de estos isótopos, los científicos pueden determinar la temperatura del agua marina en la que vivieron.
Termómetro marino
“La concha marina es un termómetro”, dijo John Eiler, profesor de geoquímica del Instituto Tecnológico de California, quien trabajó en el estudio.
Eiler agregó que los investigadores estudiaron la concentración de estos isótopos, que están conformados por átomos de oxígeno-18 y carbono-13.
“Medimos cuántos están adheridos unos a otros en vez de dispersos al azar. Eso nos muestra el crecimiento de la temperatura de dicho fósil”, aseveró John Eiler en una entrevista telefónica.
El método difiere del actual enfoque que involucra un estudio del contenido tanto de carbono como de oxígeno del fósil, y el conocimiento sobre la química de la antigua agua de mar.
Usando este nuevo método, los investigadores estudiaron el aumento de temperaturas de fósiles de dos periodos antiguos para ver si los cambios en el dióxido de carbono atmosférico están realmente vinculados a la variación de temperatura, un factor importante para entender el cambio climático.
Los científicos estudiaron fósiles del periodo Silúrico, de aproximadamente 400 millones de años de antigüedad, durante el cual se cree que los niveles de dióxido de carbono eran 10 veces más elevados que en el presente.
Los investigadores compararon estos datos con los hallazgos de temperatura de fósiles del periodo Carbonífero, de hace aproximadamente 300 millones de años, durante el cual se piensa que las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono fueron parecidas a los niveles actuales.
Ligera reducción en el agujero en la capa de ozono
Por otra parte, en Ginebra, Suiza, se dio a conocer que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártica debería mantenerse este año ligeramente inferior, aunque cercano, a su récord de 2006, consideró el miércoles un experto de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El agujero en la estratosfera (a entre 15 y 25 km de altitud) cubre ya unos 23 millones de kilómetros cuadrados, pero en general no alcanza su nivel máximo antes del 20 o 25 de septiembre, declaró Geir Braathen, especialista de la OMM, agencia de la ONU.
El año pasado el agujero había cubierto una superficie máxima récord de 29.5 km2, durante un periodo excepcionalmente largo de unos cuatro meses.
El agujero, favorecido por el frío durante el invierno austral, aparece generalmente a principios de agosto y se reabsorbe entre mediados de noviembre y mediados de diciembre.
“Este año, la temperatura en el estratosfera es un poco menos fría que en 2006. Por tanto, es posible que el agujero sea un poco más pequeño”, pronosticó Braathen, antes de la celebración, el domingo, del Día Internacional de la Capa de Ozono.
El ozono, una molécula surgida del oxígeno, permite filtrar los efectos nocivos de los rayos ultravioleta del Sol que dañan la vegetación y pueden provocar cáncer de piel.
La capa de ozono que protege a la Tierra está deteriorada por la producción y la utilización de productos químicos, particularmente el cloro y los clorofluoruros de carbono (CFC, gas utilizado en los aerosoles y los refrigeradores).
El Tratado de Montreal decidió, el 16 de septiembre de 1987, la restricción del uso de los CFC.
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