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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Para pobres, catástrofe climática ya es real y será “apocalíptica”: ONU

Según el informe de la organización, ese dato comprueba que los pueblos más marginados y que menos han contribuido al cambio atmosférico son las grandes víctimas de sus consecuencias.

Brasilia, Brasil.- Las catástrofes generadas por el cambio climático ya son hechos reales en algunas de las regiones más pobres del mundo, y podrán alcanzar en el futuro dimensiones “apocalípticas”, advirtió el Informe sobre Desarrollo Humano 2007 divulgado hoy por la ONU.

“Entre los años 2000 y 2004, unas 262 millones de personas resultaron afectadas por desastres climáticos todos los años y más del 98 por ciento de ellas vivían en países en desarrollo”, afirma el documento dado a conocer hoy en Brasilia.

Según el informe, ese dato comprueba que los pueblos más pobres y que menos han contribuido al cambio climático son las grandes víctimas de sus consecuencias.

“En los países pertenecientes a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, uno de cada 1.500 habitantes ha sido afectado por un desastre climático.

La cifra correspondiente para los habitantes de los países en desarrollo es de una por cada 19: un diferencial de riesgo de 79″, apunta el texto.

El documento divulgado por los Programas de las Naciones Unidas para el Desarrollo y para el Medio Ambiente apunta que “los altos niveles de pobreza y el bajo desarrollo humano limitan la capacidad de los hogares pobres de administrar los riesgos climáticos”.

Según el texto, si el mundo no logra frenar el cambio climático, ese proceso “puede paralizar y luego revertir el desarrollo humano”, mediante caída en la producción agrícola, reducción en las disponibilidades de agua y aumento del hambre y de las enfermedades epidémicas.

“Las zonas propensas a la sequía de África Subsahariana podrían aumentar a unas 60 a 90 millones de hectáreas, y las zonas de tierras de secano sufrirían pérdidas de 26.000 millones de dólares de aquí hasta 2060 (en precios de 2003)”, afirma.

El documento apunta que “otras regiones en desarrollo, entre ellas América Latina y Asia Meridional, también experimentarán pérdidas en la productividad agrícola, fenómeno que minará los esfuerzos para reducir la pobreza rural”.

“Las cifras de aquellos afectados por la desnutrición podrían aumentar a 600 millones de aquí hasta el año 2080″, afirma el texto, que advierte además que en ese mismo año el número de personas que viven en zonas con escasez de agua podría haber aumentado en 1.800 millones, especialmente en la región andina, en el Medio Oriente y en Asia.

Además, afirma que entre 220 millones y 400 millones de personas más podrían quedar expuestas al paludismo, “enfermedad que ya cobra la vida de alrededor de un millón de seres humanos todos los años”.

Al exhortar los países ricos a aceptar el drástico plan propuesto para detener el proceso de cambios climáticos -que incluye una reducción del 80 por ciento de sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta 2050 y una ayuda al desarrollo de 86.000 millones de dólares hasta 2016-, el documento afirma que, de concretarse la catástrofe, los daños serán irreversibles.

“Al contrario de lo que sucede con las crisis económicas que influyen en el crecimiento y la inflación, es probable que muchos de los impactos que afectan el desarrollo humano, entre ellos, pérdida de oportunidades de salud y educación, desmejoramiento del potencial productivo, pérdida de sistemas ecológicos vitales, por ejemplo, resulten irreversibles”, afirma el informe.

DPA

viernes, 19 de octubre de 2007

La pugna por el clima

por: Jorge Eduardo Navarrete

Es probable que Bush, quien acaba de reunir en Washington a delegados de otros 15 grandes emisores de CO2, vea en el cambio climático el campo de su última batalla. Como otras, ésta se endereza contra el multilateralismo y, en especial, la ONU. Para júbilo de los neoconservadores, desea que su herencia sea desembarazar a la superpotencia del muro de contención que le significa, a veces, el organismo mundial.

Días antes, en Nueva York, el secretario general había convocado a los líderes políticos que asistirían a la Asamblea General –de los que Calderón se excluyó vergonzosamente a última hora, por razones baladís– para abordar el mismo tema y dejar en claro que corresponde al más amplio de los espacios multilaterales. En Washington –con México representado por el descolorido titular de la Semarnat– Bush pretendió que los 16 definieran por sí mismos los alcances y contenidos de lo que será dable acordar en el ámbito del Acuerdo Marco sobre Cambio Climático de la ONU, es decir, que impusieran a los demás los términos de su acuerdo. En Nueva York, Ban Ki Moon y los líderes asistentes se esforzaron por preservar la integridad de la legitimidad negociadora de Naciones Unidas ante las pretensiones de la coalición ad hoc bajo el mando de Estados Unidos. Así, desde finales de septiembre, quedó definida con nitidez la pugna por el clima.

La retórica en Washington, a cargo de Bush mismo y de Condoleezza Rice, fue muy diferente de esta realidad. Se empeñaron en mostrar que el esfuerzo se realizaba en auxilio de la ONU, al invitar a un funcionario de esa organización. Trataron de negar la brecha que en la materia existe con la Unión Europea, al convidar a delegados de la Comisión y de la Presidencia del Consejo. Proclamaron que Estados Unidos, conspicuo adversario del Protocolo de Kyoto, ahora sí se preocupa por el calentamiento global y está dispuesto a negociar, en ese grupo ad hoc, un vago compromiso global de reducción de emisiones, cuyo cumplimiento sería la suma de esfuerzos nacionales independientes, no coordinados y voluntarios. La mano invisible encargada de contener y disminuir emisiones y alejar la amenaza del cambio climático.

A Bush no le funcionó tan bien como esperaba la primera escaramuza de su last stand. Contó, desde luego, con la adhesión entusiasta de Australia y algún otro correligionario. No se sabe qué posición asumió México. Un magro boletín de la Semarnat sobre “las actividades en Washington de su titular” recoge algunas expresiones coincidentes con los planteamientos de Bush. Los delegados europeos reiteraron la imperiosa necesidad de compromisos cuantitativos obligatorios de reducción de emisiones, claramente calendarizados. Los de países en desarrollo defendieron el papel de la ONU como único foro negociador en la materia. Brasil, China y Francia, entre otros, manifestaron su incomodidad con la iniciativa haciéndose representar a nivel inferior al ministerial.

El resumen de conclusiones de la reunión de Washington, formulado por el delegado de Estados Unidos, no pudo omitir la referencia a propuestas planteadas por varias delegaciones que coliden con las presentadas por Bush. Así, entre los temas que deberán seguirse examinando, se alude a “las acciones de todas las naciones para lograr el objetivo global [de reducción de emisiones] en forma mensurable y ambientalmente efectiva, de acuerdo con el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas”; el objetivo global mismo deberá “tomar en cuenta las emisiones históricas acumuladas, las emisiones per cápita y las necesidades de desarrollo de los países en desarrollo”, así como la definición de “reducciones obligatorias, de corto y mediano plazos, para los países desarrollados”.

Además, lo que quizá sea más importante, se difirió la siguiente reunión del grupo ad hoc para después de la Conferencia de Bali en diciembre. De este modo, se afirmó, aunque de manera indirecta, la primacía de la ONU como foro negociador en la materia. ¿Le salió por la culata el disparo al vaquero de Crawford? Es muy pronto para decirlo.

La reunión especial de alto nivel de la Asamblea General sobre cambio climático, días antes del cónclave de Washington, fue, sobre todo, un acto de afirmación política. Como expresó el secretario general al resumir el debate: “Esta reunión no tuvo un propósito negociador, sino el objetivo de expresar, al más alto nivel, la disposición política de los líderes del mundo para enfrentar el desafío del calentamiento global a través de acciones concertadas. Los participantes han reafirmado, una vez más, que el único foro en que esta cuestión puede ser decidida es el de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático”.

Tras estos episodios –en los que el papel de México ha sido equívoco, por decir lo menos– todo dependerá de lo que pueda avanzarse en la conferencia de Bali para situar en el campo de batalla apropiado, que no es el delineado por Bush, la pugna por el clima.